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Anécdotas de viajes y visitas para compra de libros y bibliotecas

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Comedia humana

Una tristeza que sólo bibliófilos y libreros conocemos nos invadió al separar la Comedia humana de Balzac en edición francesa de fines del siglo XIX de la pared posterior del librero. 

Comprobamos de manera involuntaria que nuestros cubrebocas estuviesen colocados correctamente.

—Señora B., vamos a separar de este lado unos libros que desgraciadamente se han convertido en un riesgo para la salud.

Los hongos habían hecho de los cantos de aquellos libros un amasijo rosáceo. Sacamos las bolsas con sellos especiales de riesgo biológico y las llenamos, con cuidado y poco a poco.

En un segundo montón colocamos los volúmenes a los que posteriormente daríamos tratamiento para recuperarlos, y en un tercero, los que sólo olían un poco a humedad, igualmente, para darles el tratamiento adecuado. Guardamos en cajas otros libros, algunos muy buenos, que estaban en perfectas condiciones.

Ya antes habíamos lidiado con bibliotecas similares: no es poco común en las ciudades costeras, en que la humedad y el calor convierten a las bibliotecas en una especie de paraíso para insectos, hongos y bacterias que se alimentan de los libros (o de aquello de lo que están hechos: papel, pegamento, tela, piel…), pero quizá nunca nos había inundado tal sentido de la tragedia.

La biblioteca había pertenecido a un profesor de ingeniería de la Universidad Veracruzana aficionado al arte, a la literatura y a la historia, y había reunido esa considerable biblioteca a lo largo de su vida. ¿Qué hubiera pensado si hubiese visto que tantos de esos excelentes libros se habían convertido en basura? ¿En qué momento había comenzado la descomposición de los ejemplares?

La señora B. se sentía apesadumbrada.

—¿No hay manera de recuperarlos?

—A estos les vamos a dar tratamiento, pero por los que dejamos en las bolsas desgraciadamente ya no hay nada que hacer.

Así es la labor de la compra de libros y bibliotecas. Como si fuéramos los médicos de cabecera de los libros, siempre alegra dar buenas noticias, y nunca se acostumbra uno a dar las malas.