El Centro Cultural Rubén Pabello Acosta, construido in memoriam del insigne cronista xalapeño, fue durante 18 años (de finales de 2002 a finales de 2020) una especie de oasis.
de amplios jardines y bellas construcciones de madera y piedra en una de las zonas más transitadas de la capital veracruzana.

Supimos que cerraría. Un conocido de la familia Pabello nos dijo que pensaban vender la biblioteca. Nos acercamos a preguntar. Nos vendían, además de los libros, el mobiliario: libreros, sillas, mesas; se iba todo, todo, todo. Estaba fuera de nuestras posibilidades.
A la semana nos buscaron. Insistieron. El precio había bajado de forma significativa y en definitiva valía la pena, pero ¿qué haríamos? ¿Nos arriesgaríamos así? Tras una larga meditación y los pertinentes cálculos resolvimos hacerlo. Nos hicimos de una biblioteca pública con más de más de 15,000 ejemplares de todos los temas imaginables. Tardamos 4 días en guardarlos en cajas y 3 días en desempacarlos.
En el recuento de los daños, ya en nuestra sede, nos encontramos una sorpresa mayúscula y por demás bienvenida: entre los volúmenes adquiridos se encontraba la biblioteca de don Salvador Reyes Nevares, miembro del Grupo Hiperión, filósofo, editor y precursor en nuestro país de lo que después se conocería como gestión cultural.

¡Vaya joyas bibliográficas que pasaron por nuestras manos! Cada libro, una firma. No nos la creíamos.
—¡Mira, José Emilio!
—¡La Arredondo!
—¡Elizondo!
—¿Habías visto alguno firmado de Guadalupe Dueñas? ¿Así es su firma?
—Mira, aquí hay varios juntos de Monsi.
García Ponce, Juan Vicente Melo, Carballido, Pitol, Tomás Segovia, la Poni… todos, firmados y dedicados, en tono amigable, respetuoso, para quienes algunos incluso llamaban su maestro, Salvador Reyes Nevares. Queríamos quedarnos con todo para nosotros.
De aquello permanecen los libreros y las sillas. Así es la labor de la compra de libros y bibliotecas. Encontrar y pulir esas joyas… para otras personas, para otros lectores.